Por Teresa Burgui, coorinadora de Aralar

El 17 de febrero, cada año, se conmemora el Día Internacional del Juego Responsable, para concienciar en la población mundial acerca de los efectos negativos de la adicción a los juegos de azar.

Esta efeméride puede parecer propia de las entidades sociales que trabajan en prevención y atención a las personas con ludopatía, sin embargo es una iniciativa lanzada en 2008 por la Asociación Europea de Apuestas y Juegos de Azar que representa a los principales operadores de juegos de azar en línea de Europa. Esto es lo que popularmente se conoce como “poner al zorro a cuidar de las gallinas”. Es evidente que los operadores de juego nos han robado el relato, en una operación de blanqueo de los estragos que su actividad provoca en muchas personas.

El juego de azar, tan antiguo como la propia humanidad, forma ya parte del paisaje. Está tan naturalizado en nuestra vida, que se minimizan los riesgos que entraña. Ahí está la tragaperras con sus destellos y sonidos, en el bar, donde nos tomamos un café mañanero, la lotería de navidad, con sus emotivas y costosísimas campañas de publicidad, las apuestas deportivas, o el rasca de la Once que nos ofrece, por poco dinero, hacer realidad sueños al alcance de muy pocas personas.

Esta misma semana conocíamos un estudio hecho por el Observatorio Vasco del Juego, que analiza las representaciones sociales del juego en la esfera pública digital vasca, concretamente en la red X (antes Twitter). La conclusión ha sido que, aunque la mayor parte de la población vasca critica el juego y las apuestas en internet, “no ve mal” la lotería de Navidad, en parte porque no la identifica como juego de azar, mientras que las personas más jóvenes admiran y siguen a ‘influencers’ o famosas que comparten apuestas o juegos de azar y muestran el lado positivo de apostar.

Y el resultado es que el 83,9% de la población española de entre 18 y 75 años, un total de 22,9 millones de personas, admite haber jugado a algún juego de azar en el último año.

En este día, desde Aralar abogamos por “tolerancia cero” con los juegos de azar, por eso preferimos hablar de responsabilidades con el juego más que de juego responsable, expresión, por cierto, que no se usa para otras adicciones con sustancia, sea alcohol u otro tipo de droga.

Hablamos de responsabilidades, por ejemplo, de las instituciones públicas para que se trabaje de una forma más coordinada y complementaria entre las áreas de educación, juventud y salud. Y para que dentro de esta última se supere la tradicional dicotomía entre prevención y atención.

También para que haya una buena regulación de esta actividad que proteja a las personas más vulnerables, como son las que se han autoprohibido, muchas de ellas inmersas en procesos de rehabilitación, o las menores de edad.

La puesta en marcha de algunas medidas contempladas en la modificación de la Ley de Juego de Navarra, aprobada en julio de 2022, todavía está pendiente, transcurrido más de año y medio.

Mientras llega ese día, que tardará, como poco, 9 meses más, Navarra corre el peligro de convertirse en un “Las Vegas” para las tres comunidades autónomas limítrofes, con un peligroso efecto llamada. Tanto en  País Vasco, como La Rioja y Aragón, están en vigor ya medidas más restrictivas, como el control de acceso a locales con sistemas de reconocimiento facial o libro de registro de visitantes. En el caso de La Rioja se sacarán las máquinas de apuesta deportiva de los bares, mientras que en Aragón será necesario identificarse para que las tragaperras se activen, tras comprobar que la persona no se encuentra autoprohibida o es menor de edad. Ninguna de ellas se aplica en Navarra.

Finalmente es urgente conocer la dimensión real del problema de la ludopatía en la Comunidad Foral, para saber qué recursos son necesarios. Por una parte, las memorias de Salud Mental recogen en los últimos años una media de 30 casos diagnosticados en la red pública. Aralar atiende al cabo del año entorno a 110 personas y sus familias y 200 consultas relacionadas con problemas de juego. Por otra parte, en el registro de autoprohibidas hay  entorno a 725 personas inscritas de Navarra, mientras que si tenemos en cuenta los indicadores de prevalencia de la ludopatía en el conjunto del Estado, en Navarra habría alrededor de 2.500 personas con este problema. Evidentemente, algo no cuadra.

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